Última mano.
Bien.
Última mano.
Bien.
El torneo ha terminado.
Ya se ha anunciado el ganador.
¡Oigan, todos de pie!
Estirar los hombros cansados.
Alguien agarra su mochila.
Alguien se pone una chaqueta.
Alguien mira la hora.
Vaya, ya es medianoche.
Entonces alguien sonríe, mira alrededor de la mesa,
y dice en voz baja:
¿Entonces, una mano más?
Todos se ríen.
Porque nadie esperaba irse de todos modos.
Sin puntos, sin premios, sin presión.
Solo cartas, amigos y una historia más.
Estaba a punto de suceder.
Una mano más.
Eso es lo que siempre decimos.
Una mano más.
Y entonces, de alguna manera, otro juego.
Una mano más.
Nadie lo cree, pero todo el mundo lo dice.
Todos los domingos.
Una mano más.
Una mano más.
Una mano más.