¿Están todos aquí? Casi.
En cada mesa hay uno, el capitán no oficial.
No porque ganen, no porque sean ruidosos, no porque conozcan todas y cada una de las reglas.
Son simplemente la razón por la que todos vinieron.
El primero en llegar, el último en irse haciendo presentaciones.
Acercar otra silla, asegurándose de que nadie se sienta como un extraño.
Las buenas cartas van y vienen, la buena gente se queda.
¡Un brindis por el capitán de mesa, que mantiene a todos sonriendo!
Un asiento más, una bebida más, una historia más que merece la pena recordar.
Capitán de mesa grande, nunca juega solo, construye algo más grande que cualquier otro juego.
Siéntate, siéntate, todos son bienvenidos.
Alguien está de visita en DaLat; alguien se mudó aquí ayer.
Alguien acaba de descubrir esta pequeña noche de póker.
Cinco minutos después, se ríen como si se conocieran de toda la vida.
Las tarjetas hacen la introducción, las conversaciones hacen el resto, alguien comparte.
Su cafetería favorita, según recomienda otra persona.
En una carretera de montaña, alguien planea una excursión en bicicleta antes del partido del próximo domingo.
Lo curioso es que las comunidades no las crean las patatas fritas, sino la mesa, la música y las conversaciones.
Cada cara nueva trae consigo otra historia, cada despedida viene acompañada de un "hasta la semana que viene".
Más sillas, más risas, más café, más recuerdos.
Así es como una pequeña noche de póker se convierte en una tradición.
Si necesitas otra silla, tráela.
Necesito otra baraja, ya la tengo aquí.
Siempre necesito otro café.
¿Quién está listo? Nosotros.
Baraja hacia arriba.
Quizás dentro de unos años, alguien nuevo pregunte: ¿cómo empezó todo esto?
Nadie lo recuerda con exactitud.
Un domingo se convirtió en otro, luego en otro, y luego en otro, hasta que simplemente pasó a formar parte de la vida.
¡Un brindis por el capitán de la mesa, que mantiene las luces encendidas, que mantiene la lista de reproducción en marcha, que mantiene las cartas en movimiento!
Un brindis por cada jugador que se convirtió en amigo, y por cada amigo que trajo a otro amigo a esta mesa.
Todos importan, todos pertenecen.
Una silla más, un amigo más, un domingo más juntos.
La mesa se vacía poco a poco; queda una taza de café, una ficha de póker olvidada, una baraja de cartas.
Esperando pacientemente otro mensaje, otro domingo, otra sala llena de caras conocidas.
Y alguien diciendo: bienvenido.
Todos son bienvenidos. Nos vemos el domingo.